“Voy por el segundo trimestre”, dice ella cuando se le pregunta por sus meses de embarazo. “No sabemos todavía qué nombre le vamos a poner”.
Como integrante de una familia especialmente numerosa, Jessica creció rodeada de sobrinos, y se convirtió desde temprana edad en toda una experta en el cambio de pañales, lo que podría llevarla a seguir con la tradición en su propio hogar.
“Veremos lo que pasa, pero creo que sería divertido tener a muchos niños corriendo alrededor de la casa”, admite. “Por el momento, me encuentro de descanso en lo que respecta al trabajo; no sólo porque todo ha estado casi completamente detenido debido a la huelga de guionistas, sino porque quiero esperar la llegada de un proyecto que me interese de verdad”.
Las experiencias de su pasado podrían explicar también de algún modo la conexión que ha tenido con Sydney, el personaje que interpreta en The Eye, y que es el de una joven violinista ciega que se somete a una operación en la que se le implantan córneas ajenas.
Y es que si bien la actriz ha sido elogiada en los últimos años de manera unánime por su belleza, su niñez estuvo marcada por varias enfermedades y malestares físicos que superó al llegar a la adolescencia.
“Pero el personaje de Sydney no está enfermo”, precisa de inmediato Jessica cuando se intenta trazar el paralelismo. “No tuve que recurrir demasiado a lo que me pasó para actuar en este filme; lo complicado fue ponerme en la piel de una persona que está viendo por primera vez en su vida, que se enfrenta a un mundo completamente desconocido para ella y que a la vez tiene que enfrentarse a un conjunto de personas que piensan que se está volviendo loca por las cosas que empieza a observar”.
En la cinta, Sydney no puede disfrutar de su recién obtenido sentido, ya que se ve frecuentemente asaltada por visiones terroríficas que incluyen a cuerpos quemados, personas que piden ayuda en español y espíritus atemorizantes que conducen a los recién fallecidos al más allá.
“No suelo basarme demasiado en mis propias experiencias para construir a los personajes que interpreto en el cine; por lo general, encarno a personas que son muy distintas a mí, y me gusta alejarme de lo que soy fuera de la pantalla para encontrar una realidad alternativa”, comenta la atractiva actriz.
Sydney no es un personaje latino ni habla español, como queda muy claro durante una escena de la película en la que visita México (pero que se rodó en Albuquerque). Lo hace para averiguar quién es la misteriosa mujer que le donó sus ojos, y que es aparentemente la responsable de las aterradoras visiones a las que se enfrenta.
Curiosamente, Jessica —cuyo padre es mexicoamericano y cuya madre tiene antepasados de Dinamarca y de Francia— se encuentra en la misma situación que Sydney en cuanto al castellano, a pesar de que muchos insisten en catalogarla como una actriz latina.
“Mi abuelo [paterno] llegó al sur de California durante la década del 60 y no le habló nunca a sus hijos en español, porque era una época muy difícil para los inmigrantes y él quería que ellos se asimilaran completamente al país”, precisa la entrevistada. “Eso es al menos lo que él me contó”.
Ella misma dice que le interesa aprender la lengua de Cervantes, pero que no ha tenido tiempo para hacerlo de manera correcta. “Lo ideal sería irme a vivir durante una etapa en un país donde la hablaran, obviamente”, reconoce. “Lo bueno es que estamos cerca de México y mucha gente habla español por acá. De todos modos, he estado tomando algunas clases, aunque es difícil para mí”.
CASOS DE LA VIDA REAL
En The Eye, Paul Faulkner, el doctor que se encarga del caso de Sidney —y que es interpretado por Alessandro Nivola—, cree que las visiones que su paciente dice tener son producto del rechazo psicológico que ella siente por su nueva capacidad y por la alteración de su esquema de vida. Se trata, según la actriz, de un fenómeno que se presenta habitualmente en casos semejantes de la vida real.
“Muchas de las personas con las que hablé [antes de filmar la película] tenían la posibilidad de someterse a una cirugía, pero no querían hacerlo porque les parecía que era muy complicado y arriesgado”, señala.
“Esto ocurre sobre todo con los que han nacido ciegos; para ellos, su estado no es anormal, porque no conocen nada distinto y ya se han acostumbrado a hacer todo de ese modo”, agrega. “Varios tienen su vida armada alrededor de esta situación, son felices y pueden valerse por sí mismos”.
Jessica recuerda sobre todo a una muchacha de 26 años que se encontraba a punto de obtener una maestría de música clásica en la Universidad de Boston.
“Vive en Inglaterra, viaja siempre a Italia y a Estados Unidos y puede hablar italiano, español e inglés”, dice la actriz. “Es completamente competente y se siente realizada”.
Para preparar el rol de Sydney, Jessica empezó a desempeñar muchas de las actividades normales de su vida con los ojos cerrados antes de tener que colocarse ante la cámara. “Pero los lentes de contacto que uso durante gran parte de la película no me dejaban tampoco ver mucho, o sea que mis acciones y reacciones fueron auténticas”, señala ella, aludiendo al empleo de unas piezas oculares que le dieron a sus ojos un aire particular, ya que estos lucen congestionados y cargados de sangre en las escenas inmediatas a la cirugía.
“Además, estos lentes eran muy incómodos y muy grandes, porque tenían que cubrir completamente mis ojos y no sólo una parte de ellos, ya que de otro modo se hubiera notado lo que en verdad eran”, explica. “Claro que lo más difícil de todo fue aprender a tocar el violín”.
Y es que, al igual que la chica que Jessica conoció para preparar a su personaje, Sydney es una joven que, a pesar de ser ciega, es toda una virtuosa de la música. Ofrece conciertos y realiza grabaciones de manera frecuente hasta que se somete a la operación y descubre que las visiones que la asaltan le han arrebatado también la inspiración artística.
Para interpretar las escenas en las que aparece tocando el violín, la actriz tuvo que tomar lecciones durante seis meses. “Mi abuelo tocaba la guitarra clásica y su padre era violinista, pero yo nunca había tenido ninguna clase de capacitación musical”, admite ella. “Toqué todas las notas de las piezas durante el rodaje, pero después se colocó encima el sonido de una intérprete profesional que lo hacía mucho mejor que yo, obviamente”.
CON OTRA MIRADA
Hay que precisar que The Eye es un remake de una película japonesa —dirigida por los hermanos Oxide y Danny Pang— que Jessica sí vio para preparar a su personaje, a diferencia de lo que ocurre con los actores que se encuentran en situaciones semejantes y que no quieren ser influenciados por quien hizo antes el mismo papel que les toca desempeñar.
“Apenas leí el guión, me di cuenta de que necesitaba ver la primera versión de la historia para saber cómo la habían hecho”, dice la entrevistada. “Me gustó mucho la actuación de Angelica Lee, que desarrolló al personaje de una manera muy elegante y sobria”.
Pero Jessica asegura que la nueva versión —dirigida también por dos directores, los franceses David Moreau y Xavier Palaud— tiene un aire mucho más occidental. “En el Oriente, la espiritualidad y los fantasmas son parte de la cultura y resultan mucho más aceptados que aquí, donde se han convertido en tabú”, enfatiza.
Se sabe que Jessica creció en el seno de una familia muy católica; sus abuelos, con los que pasaba mucho tiempo hasta la adolescencia, no la dejaban usar un traje de baño cuando se encontraba en la casa. Resulta por ello interesante saber cuál es su opinión personal sobre el mundo de fantasmas que se muestra en la película.
“Teníamos incluso a un guía espiritual familiar que nos visitaba y nos anunciaba lo que iba a pasar en nuestras vidas”, recuerda ella. “Pero esto no es parte de mi rutina; no me la paso tratando de contactar a los espíritus ni nada por el estilo, aunque pienso que pueden estar allí”.
Si bien existe la posibilidad de que una familia tan conservadora como la suya tenga opiniones poco benévolas sobre algunos de los papeles que le toca cumplir en la pantalla —como en el caso de la bailarina sensual de Sin City, una película que fue además muy violenta—, Jessica asegura que no consulta a sus integrantes antes de aceptar un trabajo.
“Cada persona puede pensar lo que quiera, pero resultaría imposible complacer a todos, ¿verdad?”, agrega ella con una pequeña risa.
The Eye no presenta a Jessica en uno de esos papeles de gran demanda física que la ocuparon durante el rodaje de filmes como Honey, Sin City, Fantastic Four y, por supuesto, la teleserie Dark Angel, su plataforma de lanzamiento a la fama. Esto lleva a pensar que la joven actriz se encontraba interesada en probar terrenos distintos.
“Este es probablemente el personaje menos glamoroso que he hecho, y eso es algo bueno”, admite. “Mis agentes sabían que yo estaba buscando algo distinto; me interesaba participar en un proyecto dedicado al terror, y fue por eso que me puse a leer varios guiones del género”.
“Este fue el que más me gustó, el que me pareció más interesante en términos de historia y de personajes; me pareció también muy acertado el hecho de que no iba a ser una película sangrienta ni centrada en torturas, como lo que se ha estado haciendo recientemente”, agrega la actriz, que antes de The Eye sólo había participado en otro filme que se atribuye a veces al horror, Idle Hands (1999), pero que ella considera más bien como “una parodia de los filmes de miedo”.
En relación al método de trabajo de los dos directores de The Eye, Jessica dice que David se encarga principalmente del trabajo con los actores, mientras que Xavier es el responsable principal de las cuestiones técnicas.
“En este caso, yo tuve participación en la decisión de quién iba a dirigir la película, por lo que vi Ils”, dice la actriz, refiriéndose al primer largometraje de los mismos cineastas, que fue filmado en Francia y obtuvo muy buenos comentarios por parte de los amantes del género del espanto. “Me pareció muy bien hecha y muy aterradora, y lo más interesante es que la hicieron con un presupuesto de lo más limitado”.
