El primer ministro chino, Wen Jiabao, acusó al Dalai Lama de orquestar los enfrentamientos en Tíbet en los cuales podrían haber muerto decenas de personas, y dijo que sus seguidores estaban “incitando al sabotaje” de los Juegos Olímpicos de Pekín en agosto. Wen también defendió el bloqueo de Lhasa, capital de la región himalaya, tras las protestas de la semana pasada y en provincias chinas vecinas, donde el fin de semana también hubo protestas.
“Hay muchos hechos y muchas evidencia que prueba que esto fue organizado, premeditado, planeado e incitado por el entorno del Dalai (Lama)”, dijo Wen en rueda de prensa.
El Dalai Lama, líder espiritual del Budismo Tibetano, exiliado en India desde 1959, ha negado estas acusaciones. El premio Nobel dice que quiere autonomía para el Tíbet dentro de China, pero no la independencia plena.
Las protestas contra China lideradas por monjes en Lhasa, las más importantes en casi dos décadas, se desbordaron el viernes, pesando de mala manera sobre el liderazgo comunista, que pretende limpiar su imagen de cara a los Juegos Olímpicos.
Wen dijo que los manifestantes “quieren incitar al sabotaje de los Juegos Olímpicos para lograr su abominable objetivo”.
“Esas son acusaciones infundadas”, dijo Tenzin Taklha, portavoz del Dalai Lama, en Dharamsala, India.
“Todo comenzó con uno o dos incidentes. Por la tecnología, por el boca a boca, se propagó rápido. Fue muy espontáneo”.
Países occidentales pidieron a Pekín que haga un ejercicio de moderación, aunque el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, dijo a Reuters en Trinidad el lunes que no hubo “absolutamente ningún llamamiento” de Gobiernos a que se boicoteen los Juegos de Pekín.
ACUSACIONES CRUZADAS
El analista de política internacional Tony Kevin, de la Universidad Nacional de Australia, dijo que se esperaba esta falta de reacción internacional ante la represión, debido a la importancia económica y estratégica de China.
“China … está sujeta a diferentes estándares de derechos humanos que otros países menos importantes”, dijo a Reuters.
El Dalai Lama pidió el fin de semana que se investigue lo que él considera un genocidio cultural en Tíbet, invadido por las tropas comunistas en 1950, pero Wen rechazó esa acusación.
“Las declaraciones de que el Gobierno chino está envuelto en un genocidio cultural no son más que mentiras”, dijo.
Los representantes del exilio tibetano en Dharamsala cifran los muertos en 80 personas por la represión del viernes. Pero las autoridades chinas dijeron que las fuerzas de seguridad actuaron con moderación en respuesta a los incendios provocados y los saqueos en Lhasa, usando sólo armas no letales, y que sólo 13 “civiles inocentes” murieron.
No hubo declaraciones ni acciones provenientes desde Lhasa después de que pasara el plazo de la medianoche del lunes para que se rindan aquellos involucrados en las protestas.
Aunque una fuente en que tiene contacto con Lhasa que habló con un testigo dijo que la policía va casa por casa buscando a los participantes.
“Están yendo a cazar a la gente a sus casas”, dijo.
No se permite la entrada a Tíbet de periodistas extranjeros sin permiso, pero Wen dijo que China considera organizar un viaje.
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